Pituca, es la perrita preferida de los inseparables. Su dueña se llama Andrea, que viene siempre con su abuela. Pituca no lleva cadena, sino un pañuelo rosa alrededor del cuello. Trae un pelota de tenis y los niños se entretienen tirándosela al estanque. Mientras ella la saca todos la aplaudimos y animamos.
Los vecinos. Pareja joven y encantadora (también de provincias como nosotros, pero estos más del sur, y con muchos más años de experiencia en la gran ciudad) con una niña de la edad de Adriana. Habían sido muy amables y dicharacheros con nosotros. Pero desde ayer, se han convirtieron en nuestros mejores amigos de la gran ciudad. Nos fuimos los seis de paseo al parque, después por las avenidas, parando a tomar un piscolabis, y a las diez retornamos todos al mismo portal. Tanto la mía como la de ellos parecían recién sacadas de la mina, pero felices todos. Nosotros por no habernos enterado ni siquiera de que estaban allí pudiendo tomar tranquilamente una cervecita, mientras departimos con personas adultas, y ellas por rebozarse literalmente por el suelo.
P.D.: Uisin de Ogoño, viene siendo una leyenda en mi casa. Cuando yo tendría unos cuatro años (mi abuela después pondrá correcciones a lo que escribo), me fui de vacaciones (como siempre) con mi abuela y mí tía a Salou. Nuestro vecino era Uisín de Ogoño, o traducido Luisín de Logroño. Él estaba con su abuela veraneando, y creo se pasó todo el tiempo que allí estuvimos con nosotros. Uisín y yo, fuimos los inseparables de hace treinta años.
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