miércoles, 3 de julio de 2013
Cenicienta de fiesta
Decidimos que en verano íbamos a empezar a cambiar los horarios de Adriana e ir adaptándolos a los nuestros. Es decir, con este calor, como los caracolinos, salimos tarde y nos apetece llegar más tarde. Así que con la visita de Toño, nos propusimos salir a cenar con Adriana. No creáis, que hasta última hora, mi vena aspergiana, no estaba del todo convencida, dada mi rigidez mental en horarios, comidas...En fin, que le di la cena primero, y a las nueve salimos de casa como quién sale a las cinco, decididos a cenar en una de las terracitas del lugar. Siendo martes, pensé ingenua de mí, no habría mucha gente. Gente dentro de los restaurantes ni dios, pero fuera ni una mesa. Resumiendo la velada, cenar cenamos y la nena se portó como un adulto, pero sin pegar ojo hasta la hora de llegar a casa, que fue la hora en la que la carroza de cenicienta se convierte en calabaza, y que de vuelta a la palabra ingenua, pensé que me dejaría dormir la mañana trasnochando de ese modo...con Adriana lo de suponer se terminó hace mucho tiempo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario