El jueves Lobato cumplió 37 estupendos años. Sé, que todos los años digo lo mismo, pero es que realmente no los aparenta, y él no se cansa de repetir que una vez le echaron 28, bueno, a lo mejor cuando tenía 29, porque ni lo mucho ni lo poco. Y como cumplir años, para mí es toda una fiesta, compramos tarta, velas y le pedimos un mechero al portero (ya que desde que dejamos de fumar preferimos no tener a mano ninguna clase de lumbre), soplamos, cantamos y pedimos deseo. Puede sonar absurdo, pero desde que Adriana llegó al mundo, una extraña obsesión por cumplir años planea sobre mi cabeza (otro tema a tratar con freud). Como fue de jueves la fiesta, decidimos que cenaríamos fuera (dada que la primera experiencia fue grata) el viernes. Así que nos fuimos a uno de los miles de centros comerciales que la gran ciudad tiene, uno al aire libre, dónde puedes cenar en una terracita, cosa que hicimos. Mi princesa se comió un plato entero de salchichas con patatas (mojadas en mahonesa), y nosotros uno de nuestros platos preferidos, platos que llenan el cerebro de endorfinas, grasas por doquier, es decir, hamburguesa con patatas, y de postre, tortitas con chocolate y nata...no se puede ser más guarros (piensas después de no dejar ni gota en el plato). Como buen centro comercial tiene todo lo que a los niños engancha: trenecitos, tiovivos, cochecitos...así que montamos en el tiovivo, mamá tuvo que montar en el trenecito (sino llevara a Adriana al lado parecería un personaje de "Alguien voló sobre el nido del cuco"), bajamos varias veces por el tobogancito...y a las once por fin pusimos un pie en casa (cuánto trasnoche, no estamos acostumbrados).
Hoy volvimos a nuestra piscina, con nuestra neverita y nuestro mantelcito. Pero cual fue mi sorpresa al atisbar un rostro conocido al inicio de la cola de la entrada. Un rostro de esos que conoces de toda la vida y que sinceramente a las once de la mañana, no me encajaba en la cola de "mi"(porque ya es mí) piscina pública. Varios metros atrás de aquel rostro caí en la cuenta. Coronado, sí, sí, el actor. Era él indudablemente. Lo que me extrañaba es que nadie miraba, ni se acercaba, ni cuchicheaban. Así que la única friki en la cola, decidió ir a saludar. Lobato me miró y dirigió las típicas palabras de persona convencional no cotilla y que jamás vería Sálvame: "deja de molestar a la gente". Por un momento me trasladé a la Tate Modern en Londres, cuando años atrás, ví a Ethan Howke, mí Ethan Howke, ese con el que tantas veces había soñado de adolescente, ese que en innumerables ocasiones había visto en "Bocaditos de realidad"...y ese mismo, me dijo que no, que no podía hacerme una foto con él. Pero cuando salí de ese ensimismamiento, me encontraba justo detrás de Coronado diciendo lo siguiente: "Perdone, podría hacerme una foto con usted, es que soy una gran admiradora suya", a lo que Coronado responde: "Si claro"(en las distancias cortas, me recordó un montón a mi padre, voz de locutor, estupendo para la edad, o quizás fuese el recuerdo de haber hecho de periodista en una serie que no me perdía, o quizás que ya te estoy hechando de menos papuchi). Le espeto el móvil a la acompañante y sonrío a más no poder. Le doy las gracias y me responde diciéndome: "Gracias a tí, y que tengas un buen día". Me giro y camino hacía Lobato sin poder quitar esa super sonrisa que había puesto para la foto, vamos, es que aún no la puedo quitar. Encantador y majísimo. Por supuesto no tardé dos segundos en subirla a mi red social, mandarla a todos los conocidos y restregarle a Lobato mí foto con Coronado.
P.D.: en otra entrada hablaré de los famosillos que me topo por el barrio más pijo de la gran ciudad.
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1 comentario:
Jajajaja pero q mal stas syster!!! No me extraña q el probe lobato tuviera muerto d vergüenza!! Jajajaja ruth en estado puro... P. D: como.ves leo ti blog! Y espero ansiosa, el nuevo capítulo d famosillos jajajaja
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