Bueno lo que sucedió durante los quince minutos siguientes fue un verdadero "show". Que si lo matamos con la fregona, que no que queda apachurrao en la pared y luego que asco, que si lo quitamos con un cartón, que no, que si luego cae al suelo y sale corriendo a ver quien lo recoge, que si lo matamos con unas servilletas, que no, que nos morimos de asco sentir esas patas tan gordas, que si llamamos al vecino, que sí, que sí, que llamamos al vecino a las nueve y cuarto de la mañana para que nos venga a salvar del bicho asesino, que sí, que somos dos mujeres indefensas frente a un insecto asqueroso con patas y antenas, no nos vaya a comer, que sí que en definitiva hay que llamar al vecino. Ya estando Olvido, subiendo en pijama, a llamar a nuestro valiente salvador, la bombilla que en todo este proceso había estado dormida comenzó a encenderse. Vale, a ver, es un bichito, mide menos que mi dedo, si me asusta a mí el bicho, que pensará él de mí, pero ¿como vamos a llamar al vecino por esto? vamos a ser la risión del vecindario, además ¿no nos va todo ese rollo de mujeres independiente sobradamente preparadas?, NO, oigo decir a Olvido desde la puerta, Sí, que sí que nos va, que podemos. Con Olvido a mi espalda y con veinte servilletas en la mano, conseguimos enfrentarnos a él mientras gritábamos como locas, cerrábamos la basura y la tirábamos al contenedor. ¿Quién dijo miedo?
P.D.: a la mañana siguiente un alumno de Olvido nos dijo que esos bichos son muy peligrosos porque muerden. La noche siguiente Olvido durmió con un ojo abierto.
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