martes, 29 de marzo de 2011
Hablar por los codos
Ayer estuve malina. Pasé una noche perrera. La garganta me dolía, no podía tragar. El médico me dió un antibiótico más fuerte y la baja. Para mí, mi garganta es mi medio de trabajo. No se cuánto tiempo al día estoy callada, pero poco, muy poco. Más bien diría, que siempre la he usado mucho, he sido charlatana en clase, en el trabajo, conozco gente con facilidad, soy preguntona, quiero saber, siempre me ha gustado leerles a los niños en voz alta, gasto al mes en movil más de 70 euros y juro que no hablo tanto, y esto es como todo, cuanto más la usas más la quieres usar. Y encima de tanto usarla nunca he mirada para ella, he estado casi totalmente afónica, y aún así he seguido machacándola, he fumado durante casi 15 años, y todo ello, pasa factura. Y ahora me dicen que no puedo hablar, que esté calladita que estoy más mona. Ummm, lo que no sabe el médico es que tengo blog, y un montón de contactos en mi email, encima pa más inri está el facebook. ¡Menudo milagro el de la tecnología! Vale, no hablo, pero he escrito un montón de mails, estoy al día de todo, y sin hablar una palabra. A parte de eso, el sentirse mal es horrible. Tanto mi hermana como yo, siempre hemos padecido de garganta (ella más que yo, si le sumamos alergias varias y asma, na, que vamos a hacer, a ella la hicieron con desgana jaaa) pero nada que un par de efferalganes o un par de antinflamatorios no pudiesen curar. O sea que por suerte, no hemos padecido males mayores, y esperemos sigamos así por muchos años. Y como no estas acostumbrada, cuando tienes que postrarte en la cama con dolores varios, todo ello se te hace un mundo. Ayer estaba hipersensible (o traduzcamoslo como insoportable), nose, debí pasarme la mayor parte del día llorando. Con el diario de patricia o ahora de sandra, gasté un paquete de klinex, cada vez que hablaba con alguien me saltaba la lagrimita, ay, por dios, además no hay cosa que más odie que el autocompadecimiento, pero oye, una vez al año no hace daño. Así que ayer, me pasé el día autocompadeciendome, de lo mala que estaba, de que no podía comer, de que no tenía tupper (cosas mías)...y claro, como la gente no está acostumbrada a verme así, se asusta, y lo que conseguí fueron besos, abrazos y mimos de un montón de personas...vamos que me salían los mimos por la orejas, y cuántos más mimos, más lloros, ay, aquello parecía una telenovela. Pero dormí, por fin, creo unas seis o siete horinas, y hoy, al fin, ya soy yo misma, esa tipa supuestamente dura, mandona y resolutiva, que eso sí, siempre ha llorado con el diario de Patricia y con todo tipo de películas (el naufragio de titanic lo provocaron mis lágrimas), pero no se lo conteis a nadie. P.D.:gracias a todos aquellos que se preocuparon por mí, y sobre todo a los que me sobrecargaron de mimos.
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1 comentario:
Por aquí también estamos cargados de mimos, así que únete al grupín.Menos mal que tienes un gran enfermero a tu lado que sabe muy bien como cuidarte.Mejórate cariñín.UN BESAZO.
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