domingo, 3 de enero de 2010

Comenzamos en Oporto

La nochevieja es una de esas fiestas que no me gustan mucho. Para quedarte en casa es un poco rollo, para salir, un asco porque está todo atestado de gente, para irte a una fiesta privada, gastaría un pastón en copas que seguramente acabe vomitando a la mañana siguiente, en un vestido que no me volveré a poner, en una cena que seguramente no me gustará y en una habitación en donde seguro no dormiré...así que decidimos que para gastarnos dinero en traje, cena y copas, nos íbamos por ahí, esto parece que comienza a ser un ritual, hace años me fui a Londres, el año pasado a Roma, y este año tocó Oporto. El principal problema es que Javi trabajaba la noche de nochevieja, por lo que teníamos que recogerlo a las siete de la mañana, así que cené, tome las uvas, brindé con champán y metí oro dentro, que dicen trae buena suerte, puse algo rojo (evidentemente lo que estáis pensando), y me metí en la cama unas pocas horas. A las seis y media, Moni me recogió en casa, y a las siete y algo ya teníamos a Javi metido en el coche.

Habíamos calculado unas cinco horas de viaje, pero con lo que no contamos fue con una nevada tremenda. Solo podíamos circular por un carril de la autopista y así estuvimos unos cien kilómetros, pero siete horas después, llegamos al fin. Oporto me encantó, lo mismo que me ocurrió con Lisboa, parece que estoy descubriendo Portugal.

Pateamos casi todo, seguramente si vuelvo, descubriré cosas nuevas, eso sí, no cogimos ni un tranvía, solo para la foto.

El hotel, Residencial Rex, un antiguo Palacete, más bonito que en las fotos, y lo mejor, es que tiene parking gratuito, estaba muy bien situado, la única pega es que pasamos más frío que otra cosa, la habitación era inmensa, de techos altísimos, la calefacción que teníamos era tipo aire acondicionado y aunque estaba todo el día puesta aquello no calentaba ni queriendo, gracias que apenas pasamos horas allí. Tampoco nos quejamos mucho, ya que dos noches, tres personas con desayuno incluido y parking fueron cien eurillos, sí, en total, es decir, los tres. El primer día, el tiempo nos dio tregua y pudimos disfrutar de Oporto. Ese día pillamos la primera borrachera del año, resulta que entramos a tomarnos una caipiriña antes de irnos a cenar, y vamos con la caipiriña...

que nos íbamos de lado a lado, y ojo, que nosotros tenemos aguante, yo no se que tenía, que aquello parecía orujo puro. En fin, que como siempre, acabamos redecenando en un Mac Donald, tomamos una copichuela en un bar llamado Twins y pa casa. Dolor de estómago, revoltura y dormir, muy poco. Al día siguiente estuvimos aprovechando la mañana por Oporto, subimos los doscientos y pico escalones de la torre de los Clérigos, y sí, las vistas merecen la pena, pero casi volamos del aire que hacía, hasta plagiamos a los de Titanic.

Comimos en un bar que nos recomendaron, el Piolho, las típicas francesinhas, cinco mil calorías por lo menos. Es un sandwich con filete, chorizo, jamón, todo envuelto en queso, con un huevo encima y metido en una salsa, acompañado de un montón de patatas, casi nada.

De tarde nos fuimos a Guimaraes, a ver la capilla de la Virgen de las Rocas, cuenta la leyenda que aquí las brujas se juntaban cuando había luna llena.

Que buscaba Monica debajo del altar...ya no lo sé.

Seguimos dirección Costa Nova, a ver las típicas casitas de colores

y finalizamos nuestra excursión en Aveiro. Volvimos a Oporto e intentamos cenar en el Mal Cozinhado, para escuchar un fado, pero sin reserva, imposible, así que cenamos un bacalao a la casa en un chigre cercano. Ruta turística por la zona nocturna, finalizando en el Maus Hábitos, un bar que se halla situado en el cuarto piso de un edificio vacío, encima el ascensor estropeado, una cosa rarilla tipo alternativa. Al salir llovía a chuzos, así que para casa. Hoy al volver decidimos ir a comer a Braganza, pensando que nos quedaba de camino, nos metimos por una nacional horrible, que nos llevó tres horas el llegar, continuamos por Puebla de Sanabria y después de cinco horas cogimos la autopista. Vamos que hubiesemos llegado primero a Yecla.

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