martes, 26 de abril de 2011

Preparativos parte primera

Nunca he tenido problemas a la hora de elegir, soy rápida en mis compras, tengo claro lo que me gusta y lo que quiero. Mi estilo a veces es peculiar y me gustan los vestidos de la casa de la pradera, cosa que horroriza a mi hermana, pero que le vamos a hacer, me gustan y me los pongo, sí, realmente creo, que tengo un estilo definido después de tantos años vistiéndome. Sin embargo, a la hora de probarte un vestido de novia es completamente distinto. Es algo que habitualmente no te pones para salir a comprar el pan, y sinceramente cuando me probé el primero pensé que me daba un patatús. Me veía disfrazada, según me lo probaba sentía la necesidad de quitármelos porque me horrorizaban. Así que después de probar como siete, la señora de la tienda, me dijo que iba a traerme los que a ella pensaba que me iban a quedar bien, y así fue, me trajo uno, solo uno, y me dijo: pruébatelo. Mis ojos se abrieron de par en par, ni hablar, pensé. Pero no tuve opción, cuando me di cuenta lo tenía sobre mi cuerpo, oprimiéndome el pecho al estilo Señorita Scarlata. La mujer, se dio la vuelta y con voz autoritaria me dijo: te lo vas a dejar puesto 10 minutos, mírate y remírate, pero este, es el tuyo.
Algunas semanas después necesitaba confirmar, que ese vestido en el que no había podido dejar de pensar, sería el mío. Y quién mejor que mis amigas Yaiza y Aldara, para decirme si realmente me quedaba bien o ni se me ocurriera. Opté por probarme cuatro o cinco, a ver que cara se les quedaba con cada uno. Y no hubo duda, porque cuando me probé el que supongo será mi vestido, supimos, que debía ser aquel.
Gracias chicas, y gracias a mi padre y a mí tía, que me aguantaron lo habído y por haber el primer día de la prueba.

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