miércoles, 2 de mayo de 2012

Me duele el alma


Prólogo


Quién mejor para escribir una entrada sobre el cierre de La Voz de Asturias, que alguien que trabajó durante veinte años allí. Ese alguien, es mi padre, y para mí, es un honor, publicar una entrada suya. 


El orgullo de ser periodista en La Voz de Asturias

    
     Me duele el alma, me duele aunque no exista y no hay analgésico posible que me calme. Me acaban de arrancar a tiras los recuerdos de 20 años de mi vida, los más maravillosos que un ser humano haya podido soñar, y me los han arrancado de un plumazo. Casi intuía que podía ocurrir, pero hasta la fecha siempre lo habíamos – habían- logrado salvar. No tengo a quien recurrir, no hay culpables, pero me han robado mi aportación al oficio más bello del mundo, ahora que ya soy mayor, que soy abuelo. ¿Cómo le cuento yo a mi nieta mis batallitas? Un minero le hablará de sus minas y le enseñará el castillete y la sumergirá por las oscuras galerías preñadas de grisú y sangre de compañeros. Un ganadero le mostrará orgulloso su cuadra, sus vacas y sus cabras. El agricultor acariciará su cosecha y le relatará los secretos de la tierra. El abogado le mostrará las sentencias y los libros de leyes de su despacho. El ferroviario le enseñará los trenes que condujo por esos raíles que apuntan al infinito más cercano. ¿Y yo? ¿Qué le enseño yo a mi nieta de mi pasado si me han quitado La Voz de Asturias? Como le cuento que en este periódico reí, lloré, tuve frío y calor, amé y me desenamoré, me nació una hija y mi sangre se teñía de tinta negra y mi piel era del tacto del papel. ¿A qué kiosco voy para oírla decir: “Por favor deme La Voz de Asturias, el periódico donde trabajo mi abuelo”?. ¿Cómo le cuento que yo fui el periodista más feliz del mundo en ese periódico si ya no existe?. Y ¿qué le digo de mis artículos, de mis reportajes, de mis compañeros, de mis amigos?. Claro que aún me queda la memoria y la hemeroteca, y se lo contaré, le diré con quién hablé, con quien me emocioné, a donde viajé y le enseñaré alguno de los recortes de mis reportajes, porque allí, en La Voz, yo fui reportero por encima de cualquier otro cargo y la persona que me situó en la calle General Elorza un uno de noviembre de 1983 y con el que me marché de la sede de Lugones  en junio de 2001 para no volver más se llama Faustino Fernández Álvarez y mucho de lo que soy, como profesional y ser humano, especialmente en lo bueno, se lo debo por entero a él.


    
     Y a mi nieta Adriana ya se lo que le contaré, le diré, copiando a Pedro Mario Herrero , que entré en el despacho de Faustino “a tiempo y a destiempo, riendo y llorando, alegre o con un cabreo de mil pares de narices, de mañana y de noche, incluso de madrugada, susurrando y dando voces, incluso en alguna ocasión entré cantando y siempre, siempre me recibió, siempre me atendió, siempre me aguantó con la paciencia de un sabio ante un alumno malo, de un padre ante un hijo díscolo, como mi mejor amigo y cargó conmigo y con mi presencia todos los días que fue director de La Voz ”. Le diré que una noche me llamó a su despacho, me pidió que me sentará, me entregó un libro abierto y me dijo “lee la dedicatoria en voz alta ¿Cómo dices? Qué leas el prólogo en voz alta y ya te estás dando prisa que queda mucho que hacer…” Y me arranqué con la dedicatoria que Pedro Mario herrero le hace al que fuera su director en el diario Ya, Aquilino Morcillo, en su libro Crónicas de un corresponsal de prensa. Cuando acabé cogió el libro y garabateó en su portada unas letras y me lo entregó, “Es para ti y lo que has leído quiero que se repita entre nosotros” Aún tengo el libro, la dedicatoria reza “ A Rebustiello que en mi alma es Pedro Mario Herrero II” y le añade una posdata “Conste que Tino padre era otro Pedro Mario Herrero I”.

 Hace 30 años de ese momento y todo lo que dijo lo cumplió. Me convirtió en periodista con paciencia, me envió a mil lugares a entrevistar a los personajes más variopintos, me hizo recorrer Asturias de punta a punta, sus 78 municipios uno por uno escuchando a sus gentes, haciéndome uno de ellos para contar sus historias en el periódico, en La Voz. Me subió en un avión por primera vez y también por primera vez me envió al extranjero, a Suiza, Alemania y Austria para que me enterara que era aquello que empezaban a denominar el turismo verde. Y me fui a Sudamérica y entreviste a presidentes y a primeras damas y a delincuentes comunes, a golpistas, a emigrantes. Y ya de vuelta me hacía pasar de premios nobel a zapateros remendones que a la postre eran filósofos de alta escuela, y me hice amigo de montañeros, de noctámbulos, de algunos periodistas, de prostitutas, médicos, presidentes de club de fútbol, ganaderos, y lloré en silencio tragedias marineras y debacles mineras. Y Faustino y yo nos fuimos juntos allá por el 85 del pasado siglo porque no comulgábamos con el editor del periódico. Y cuando volvió me puso a su lado nuevamente y esta vez no me dejo salir de los despachos y me hizo ver la otra parte del periodismo, la de la responsabilidad, la de los nervios del primer lanzado, las lágrimas con la primera portada, los errores, las alegrías y en una montaña rusa rapidísima me nombró subdirector, después de pasar fugazmente por la jefatura de sección y por lo de redactor-jefe. Y reñimos y nos amigamos, discutimos y sobretodo coincidimos, y se nos pegó a los dos el poder de la noche y el olor de la rotativa. Nadie puede imaginarse, salvo los que lo han vivido, la sensación de un periodista cuando arranca una rotativa, cuando das el ok al periódico y sientes como acelera la máquina y empiezan a salir los periódicos como churros. Es curioso, ese periódico que está saliendo, que aún no ha llegado al lector, ya es historia para el periodista, ya no vale, ya está hecho, y de nuevo hay que empezar, viva el nuevo ejemplar de periódico que acaba de nacer.

     Voy a confesarles un secreto, mi mayor orgullo, mi mayor devoción y agradecimiento en esos años en La Voz fue siempre para nuestros lectores, para esa gente que te encontrabas por la calle, anónimos personajes para uno, que iban con nuestro periódico bajo el brazo. Me daban ganas de abrazarles, de darles las gracias personalmente por esa comunión diaria de ir a un kiosco y elegir a La Voz entre un importante número de buenos competidores. Hace unas fechas, Faustino me entregó un folio con los datos de ventas de La Voz en los años en los que trabajamos allí. No están nada mal. No obstante siento ante el cierre que algo de ese cerrojazo me toca en mi memoria, eso sí, la cuota justa, porque cada uno ha de aguantar su propia vela y yo, como ser humano y como periodista me equivoqué muchas veces y algunas otras seguro que acerté. En los errores está mi parte y por eso pido disculpas, como también las pido a diario en mi fuero interno a todas aquellas personas a las que impuse mis teorías o las teorías que en aquel momento había que imponer, aunque no fueran las de uno. Que quede claro que mi balance personal es bueno y no lo cambiaría, quizá matizaría en muchas ocasiones, pero no reniego, que eso es de cobardes y yo no quiero serlo.

     En estas líneas hay cientos de nombres propios aunque ninguno esté impreso, son aquello compañeros y compañeras que a lo largo de tantos años he tenido, de todos aprendí algo, en lo bueno y en lo malo, en los encuentros y en los desencuentros, en la amistad y en la enemistad, en la risa y en el llanto, pero como no está impresos sí que quiero que lo estén a través de los directores que he tenido. A Faustino ya lo he citado, y seguro que saldrá más veces antes de acabar este artículo, faltan Don José Díaz Jácome quien fue mi director durante un mes y que en ese poco tiempo me honró con su amistad y sus consejos, incluso más allá de haber dejado La Voz. Incluso asistí a su despedida, al homenaje que le dio la plantilla del periódico, aquella que cabía entera en la mancheta porque no éramos más allá de veinte personas. Don José, nunca se me olvidará, acabó el acto con el conjuro de una queimada, con las luces apagadas, convocando con voz grave a todas la meigas del mundo y juro, que vinieron todas, que en una décima de segundo, yo las ví y las seguí viendo en cada página de La Voz como legado eterno de Díaz Jácome. El otro director que he tenido fue Luis José de Ávila, como hace llamarse ahora, aunque siempre fue Luis José Suárez Fernández Ávila. Ávila para todos y siempre tuve que aclarar que no éramos familia, aunque no me hubiera importado serlo, esencialmente porque Luis José es un tipo pistonudo, abierto y campechano que siempre me honró, incluso ahora, con su amistad, la cual he intentado devolvérsela siempre en la misma medida. Con él escalé el Naranjo de Bulnes, bajé ríos enteros en canoas, hice aventuras y fui un reportero muy, pero que muy feliz. Siempre me apoyó y siempre le estaré agradecido por ello.

     Y que nadie se enfade porque los demás, ellos y ellas, periodistas, fotoperiodistas, correctores, maquetadoras, diseñadoras gráficas, personal de administración y de distribución, gentes del taller, las queridas teclistas, los de rotativa, los de las furgonetas de reparto, los y las de centralita, todos están aquí, con sus nombre y apellidos y cuando digo aquí digo en mi corazón y unas y otros saben en qué medida lo están. Y hoy ese corazón que en gran medida bombea tinta de rotativa y está cubierto de papel de periódico, llora y sangra de dolor por el cierre de La Voz, y le duele que los últimos mohicanos de esa redacción tengan sobre sus cabezas la espada del FOGASA y que no sepan si van a cobrar todo lo que se les adeuda. El resto es historia, somos historia. Ojalá que esa historia diga que en La Voz, mientras duró, se hizo periodismo del bueno, porque esa es la verdad, y allí se forjaron grandes periodistas, que también es verdad, porque yo allí compartí redacción con muchos de ellos.

    Mientras yo esté vivo, un pedazo de La Voz no morirá, porque siempre la llevaré en mi memoria. Yo también soy de La Voz de Asturias, aunque la hayan cerrado.

     Mi querida Adriana, escribo este texto a petición de tu madre, quién junto a tu tía Rebeca vivió en primera persona la fuerza que La Voz de Asturias ejerció en nuestras vidas, para bien o para mal, pero mucho de los que somos se forjó en ese periódico y creo sinceramente que el resultado no es malo. Yo, al menos, estoy muy orgulloso de las dos, de tu madre y de tu tía. Además, éste periódico fue el periódico de tu tatarabuelo, Miguel López, porque en él escribió durante más de 50 años y llegó a ser el decano de los corresponsales de prensa de España. Es decir si un día oyes hablar de un periódico asturiano llamado La Voz de Asturias, puedes decir muy alto y con mucho orgullo que allí trabajó tu abuelo y que siempre le oíste decir que había sido un placer y un orgullo haber podido escribir en las páginas de un diario, en donde la libertad de expresión era una obligación más que un derecho.

Un beso de tu abuelo que te quiere.



5 comentarios:

Rebeca dijo...

Jo! Papa no tengo palabras, simplemente me ha encantado. Solo decirte que se me ha venido a la memoria recuerdos geniales, tales como, el primer ordenador que vi, ese que estaba en tu despacho, y que encima tenía un juego super guay " el buscaminas". Y como olvidar tus orejas frias cuando llegabas a eso de las 2 d la madrugada y nos dabas un beso de buenas noches. Te quiero.

Paloma dijo...

Eres un sentimental,un nostalgico cariñoso y por supuesto un gran,gran periodista, esta genial. Pero sobretodo eres un gran hijo, padre, abuelo,tio, amigo y como no para mi el mejor hermano del mundo.
Un besazo Te quiero.

Tu hermana

Anónimo dijo...

Es evidente que quien tuvo retuvo, no dudes que tu nieta estará orgullosa de su "güelito" y sabrá apreciar la calidad humana y profesional de ese periodista que aún asoma en las reuniones familiares cargadas de anécdotas y vivencias que para si muchos quisieran.

Un abrazo,

Lobato

YAIZA dijo...

Nunca olvidaré la primera vez que me diste la gran oportunidad de visitar en el que en aquel entonces era tu lugar de trabajo,"La voz de Asturias".
Creo que esta visita, junto con tu gran capacidad de periodista, y como no, de persona y por supuesto de padre ,y ahora de abuelo, hizo despertar en mi el sueño de ser periodista.Que eso sigue siendo: "un sueño", aunque estoy muy contenta con lo que soy hoy en día ya que en cierta manera también tengo que informar a mi pequeño público.
También he de decir que gracias a tí pude ir al concierto con su posterior rueda de prensa de "Manolo García" ( periodista por un día).
Solamente tengo palabras de agradecimiento hacia ti y toda tu familia,puesto que me habéis acogido como una más.

Y por supuesto a tu querida hija Ruth, mi querida amiga.

Adriana,tienes una gran familia.Quiéreles tanto como ellos a tí.

Os quiero.

YAIZA

Rafa Pérez dijo...

Como antiguo lector de La Voz de Asturias también me duele el alma tras su desaparición.
Fue, desde pequeño, una lucha diaria tratar de convencer a mi abuelo, que era quien compraba a diario el periódico, que dejara el que él compraba y se pasara a La Voz. Esto nunca lo conseguí, pero sí que por mi cuenta, cuando disponía de unas pesetillas me compraba La Voz.
Después conseguí que mis padres lo compraran a diario... nos lo dejaban en la puerta cada mañana. Pasaron muchos años hasta que mi vida se trasladó a Oviedo y allí, aunque no siempre, también formaba parte de mi vida.
Este gran invento de internet es uno de los responsables de la muerte de La Voz, aunque es el más pequeño. Por delante hay muchos intereses e interesados en silenciar esa Voz.
Puedes sentirte orgulloso de haber formado parte de esa familia como yo me siento orgulloso por haber formado también parte de ella... cada mañana, con el desayuno y antes de ir al colegio, repasaba rápido todo lo que esa voz me susurraba.
Gracias a ti y a todos tus compañeros por todos esos años y por haber ayudado a formarnos y ser un poco como somos.