Siempre he pensado que más importante es mirar que ver. Sin embargo, me he dado cuenta, que ver, muchas veces, sí que importa. Viernes por la mañana, Lobato descubría que podía leer el número de teléfono del cartel de los pisos de enfrente, descubría que veía nitidamente mi cara a solo dos palmos de la suya, descubría que leía matrículas de coches a dos metros, y me recordaba a los niños pequeños cuando aprenden a leer, y van leyendo cualquier cosa que ven por la calle. Sí, al fin veía, no es que no hubiese visto antes, pero ahora, veía y leía sin gafas.
Cada día me alucinan más las nuevas tecnologías, 25 segundos de operación, y hacen desaparecer más de seis dioptrías de cada ojo. Los implantes cocleares, hacen oir a niños sordos. Y eso, esperemos solo sea el principio.
Todo esto me trasladó a Yecla, a mi Blas, ciego total, y suspiré, y esperé que algún día, la ciencia encuentre la solución para su caso, y que no solo pueda mirar, que eso sí que lo hace, sino que también pueda ver.
Ahora el ojo tiene que acostumbrarse a su nueva vida, debe empezar a ajustar y a enfocar con su nueva visión, tardará algún tiempo hasta que todo sea perfecto, pero por suerte todo está bien y sigue su camino correcto.
Hemos hecho un funeral a las gafas, lentillas y botes varios, y nos hemos preparado para ver el mundo, simplemente de otra manera.
P.D.: me he pasado días cosiendo, no, no es para mi Adriana, sino mariquitas para el mercadillo de Pola, y me han quedado tan monas, que hoy he comprado más fieltro para seguir haciéndolas, un pequeño detalle navideño.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada