Me matan seguro. El sábado pasado presencié un encuentro memorable. Salí de marchuki con mi tía, quien me lo iba a decir. Menchi (mi Menchi, la que me acogió en su casa en Oxford), está de vacaciones navideñas en España, y con ese motivo, se juntaron unas cuantas amigas para recordar viejos tiempos, como no, la escopeta (como me llama mí tía) se apuntó. No iba a ser menos, toda la vida cargando conmigo, no lo iba a dejar de hacer ahora, y menos cuando de por medio están las palabras, cena, fiesta y risas. Así que nos plantamos en Oviedo, mí tía, Ana, Merce, Menchi y yo. Se lo pasaron pipa recordando vidas nocturnas pasadas, que si te acuerdas de aquel bar, que si te acuerdas de aquel pesao, que si te acuerdas cuando fuimos...y lo mejor es que sus vidas han cambiado, pero no ellas, siguen siendo aquellas niñas, adolescentes y hoy mujeres que se querían y se quieren, pero sobre todo que se rien y que saben pasarlo bien.
Mucho me reí con el sujetador de Merce (no apto para blog), con la rosa y el anillo (que no vibrador) que le compramos a mi tía, nos reímos con las historietas y aventuras para no dormir, que no se porqué parece que todo les pasa a ellas. Así que mientras cenábamos, y me hacían pasar una vergüenza horrible con el dueño del bar, se me ocurrió el perverso título, viejas glorias.
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