domingo, 9 de noviembre de 2008

Efecto Pygmalión

Cuenta una leyenda mitológica griega que el rey Pygmalión esculpió una estatua con la figura ideal de la mujer. A Pygmalión le gustó tanto su obra que quiso que se convirtiera en un ser real. El deseo fue muy fuerte e hizo todo lo que pudo para conseguirlo. Pidió ayuda a Venus Afrodita, la diosa del amor, la cual colaboró en que su sueño se hiciera realidad. Así nació Galatea, su mujer ideal.
El Efecto Pygmalión fue introducido al área de la educación por el psicólogo norteamericano Robert Rosenthal, quien realizó un experimento con alumnos y maestros para demostrar que los estudiantes obtenían mejores rendimientos y más desarrollo personal en la medida en que las expectativas de sus educadores sobre la capacidad de los estudiantes eran mayores. Esto fue comprobado a través de una serie de experimentos aplicados con tests de inteligencia a estudiantes con dificultades escolares. Posteriormente, a los maestros se les comunicaba los resultados falseados, en los cuales los muchachos aparecían como mucho más inteligentes de lo que en realidad obtenían en el test. La consecuencia fue que estos alumnos pasaron a ser los más destacados en clase y mostraron una inteligencia por encima del promedio. De este modo, los estudiantes se sintieron más capaces. Lo anterior se debió, principalmente, a que los profesores esperaban siempre buenos rendimientos de estos alumnos a los que se les había presentado como especialmente inteligentes. Movidos por este preconcepto los maestros aplaudían cualquier pequeño acierto y disimulaban los pequeños fallos. El efecto de esta disposición positiva de los profesores era que aumentaba en estos alumnos la confianza en sí mismos y, en consecuencia, mejoraba su rendimiento.
El efecto pygmalión tiene una doble vertiente, el anteriormente nombrado sería el efecto positivo, pero si lo ejercemos al contrario hablamos de efecto pygmalión negativo, por ello, solo quiero dejar constancia de que todo el mundo sea niño o adulto, necesita que crean en él, que le alaben de vez en cuando, así que ¿porque no decirlo?.
P.D.: vamos que L´oreal dio en el clavo: "porque yo lo valgo".
P.D2: que conste que aún no he leído nada de Jorge Bucay, ni de Chopra.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que razón tiene el Pygmalion este, jeje. A mi en el colegio me contaron esta historia asi que algo ya me sonaba. Esto estaría bien que se lo contaran a los padres... para que apoyen a sus hijos!!